sábado, 11 de diciembre de 2010

La Animación a la Lectura: algunas consideraciones.



      Desde hace algunos años, se oye hablar con frecuencia de la Animación a la Lectura. Haciendo un ejercicio de reflexión retrospectiva sobre el tema, me da la impresión de que bajo ese término subyace una especie de saco sin fondo, donde se han mezclado poco a poco las diferentes interpretaciones que de la Animación a la Lectura  han ido teniendo los diferentes sectores implicados en la lectura. Hay quienes han entendido la Animación a la Lectura en el sentido más literal de la palabra, igualándola a diversión, entretenimiento, acto lúdico o festivo relacionado con el libro. Pero, como dice Paco Abril, la diversión es efímera, dura lo que dura el rato en sí. Otros, sobre todo los docentes, en su afán siempre didáctico y comprobador, han llamado Animación a la Lectura a una serie de actividades (aparentemente entretenidas) acerca de alguna lectura obligatoria (fichas de lectura, interrogatorios sobre la obra leída, resúmenes…), que en realidad no son más que trabajos académicos que no se escapan de una serie de exigencias curriculares y que, como tales, son sentidas por los alumnos y alumnas como un trabajo escolar más, con todo lo que conlleva de obligatorio y tedioso.

     Es cierto que, desde el punto de vista docente y curricular, los niños y las niñas deben aprender a leer con fluidez, llegando a alcanzar un grado de lectura expresiva y comprensiva adecuada a los niveles educativos correspondientes. Y para ello el profesor/a tiene que aplicar estrategias adecuadas y bien planificadas. Pero a veces se cae en la sobreexplotación de unos recursos demasiado académicos, se emplean textos que no suscitan el interés del alumnado y se acaba por actuar en contra del objetivo fundamental: fomentar el interés por la lectura, el placer de leer en sí mismo, comprender, gozar, reflexionar, llegar a alcanzar autonomía como lectores para ser lectores críticos, aprender a manejar la lectura para entretenerse, aprender, extraer información, en definitiva, para lo que quieran o necesiten. Vuelvo a mencionar a Paco Abril, cuando habla de la dicotomía entre divertir/interesar: la diversión es efímera, mientras que el interés es duradero.

     La Animación a la Lectura debe conjugar todas estas cosas en su justa medida: la parte curricular, el placer de leer, lo lúdico y el juego como método de aprendizaje y el buen uso de estrategias bien elegidas y planificadas de antemano, teniendo en cuenta los gustos y edades de los lectores, practicando la interioridad, la participación voluntaria, y por qué no, también la diversión.
    
     Para terminar, os recomiendo que leáis a expertos como Montserrat Sarto, Juan Mata, Kepa Osoro, Mariano Coronas, Paco Abril... De ellos he aprendido muchas técnicas, e incluso he recibido clases y participado en algún Taller, pero sobre todo, me han enseñado una filosofía diferente de la Animación a la Lectura, y algo muy importante: que la ilusión y la pasión por cualquier cosa no se enseña, se transmite.

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