sábado, 5 de marzo de 2011

Anaglifo poético


     El anaglifo es un micropoema inventado, a modo de divertimento o juego de palabras, por un grupo de artistas de la Generación del 27, que coincidieron en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Nace de la imaginación de Pepín Bello (José Bello Lasierra), personaje talentoso de gran influencia para el grupo del 27,  alma del surrealismo español, aunque nunca publicó nada (solo un caligrama titulado "El ateneísta").

     De la imaginación de Pepín Bello surgió también la figura de los putrefactos, definida como "toda forma carnosa repugnantemente muerta", referido a las personas de orden (hay un dibujo en una carta a García Lorca, en 1927). Me encanta este término... hay tantos por ahí, pululando en las instituciones...

Pepín Bello, Lorca y Dalí.
     
     La escritura del anaglifo consiste en hacer un poema de cuatro versos, con las siguientes características: en los versos 1º y 2º se repite el mismo sustantivo; en el 3º, siempre "la gallina"; y en el 4º, un sustantivo que choque o sorprenda, por no tener nada que ver con lo anterior.  Por ejemplo:

El barco,
el barco,
la gallina
y el zapato.

     Más tarde, Lorca cambió esta estructura, incluyendo en el último verso, en lugar de una palabra, una frase también sorprendente:

Guillermo de la Torre, 
Guillermo de la Torre,
la gallina
y por ahí debe andar algún enjambre.

     Esta estructura, que sirve de divertimento, podemos aplicarla con nuestros alumnos y alumnas variando lo que se nos ocurra. Por ejemplo, podemos cambiar los sustantivos de los dos primeros versos por verbos, o por adjetivos. O podemos sustituir el tercer verso ("la gallina") por otros que sean graciosos. Se me ocurre este, con adjetivos y cambiando el tercer verso:

Rosa,
rosa, 
la salchicha
y no como otra cosa.

     O este, empleando verbos en los dos primeros versos, y sin toque de humor:

Amarte,
amarte,
un corazón
que no deja de llamarte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...